Algoritmos y Tristeza

Escribía esta semana en mi Instagram que el fin de semana había estado triste. Sí, se me ocurrió la idea descabellada de entrar en Instagram a decir eso. Están locos estos romanos.

La cosa es que he estado triste. La tristeza es algo que a uno le enseñan a esconder desde pequeño. Y eso aprendí yo también. El mundo está diseñado contra la tristeza. No tienes cabida. No hay anuncios para tristes. No hay artículos a la venta para tristes. No hay ropa para tristes. Ni siquiera hay comida para tristes.

«He estado triste»

Hace un tiempo que cambié mi dinámica de actuación cuando estaba triste. Ahora, no la escondo. Aprendí que la tristeza mal gestionada genera rabia. Y esa rabia se queda contigo y te acompaña. Y todo lo que trae es feo. Muy feo. En el límite de ello, lo que acarrea es autodestrucción.

«La tristeza mal gestionada genera rabia y autodestrucción»

Así que he salido a correr, a caminar, me he dejado arropar por amigos, y he visto “Primos”, una película fantástica para estas ocasiones. La amistad. Correcto. Correctísimo.

Pero me apetece explicaros que me he sentido marginado por el mundo tecnológico social. Si no hay lugar en el mundo real para una persona que está triste, mucho menos lo hay en las redes sociales. He intentado sentirme arropado en Instagram  o Facebook. Y no he encontrado ningún compañero de penas. Además, cuando la gente está de vacaciones todavía está mucho más feliz que durante el resto del año. Por si fuera poco, los algoritmos no reconocen la tristeza. Ahí sí que me he sentido importante. Cuando estás triste los algoritmos no te persiguen. No tienen nada para ti.

«Cuando estás triste los algoritmos te dejan tranquilo»

La tristeza ofende. Eso es lo que he averiguado al final. Que la tristeza no solo incomoda al que se la cuentas, sino que le ofende. Como si fuera un virus, nos apartamos del triste como nos apartamos ahora del que tose. Me da mucha pena. Pero no me pone triste.

El caso es que solo he podido escribir este artículo, cuando he estado alegre y creo que se nota. Porque un artículo triste sobre la tristeza sería imperdonable.

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