Desvirtualizando amigos

El domingo pasado estuve de viaje. De domingo a martes. Tres días dos noches que utilicé para irme a Madrid a conocer a mis nuevos amigos.

¿Tus nuevos amigos, Ana?

Sí, mis nuevos amigos. Un grupo de personas de diferentes partes de España que he conocido gracias a una red social.

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A la gente de mi edad o más mayor (a mi madre sin ir más lejos), le puede resultar extraño que viaje tres días a algún sitio para tocar, mirar a los ojos u observar como se mueve, es decir, para desvirtualizar, a alguien a quien hace 4 meses no conocía de nada. Les parece arriesgado, peligroso, intrépido.

Cuando le dije a mi madre que iba a hacer el viaje se preocupó. No por el covid porque lo primero fue contarle que todos íbamos con nuestros negativos correspondientes firmados por un médico y que íbamos a estar en un grupo burbuja. Se preocupó por pensar que me iba de viaje con gente a la que no conocía de nada.

Cuando se lo dije a mis hijos me dijeron que me divirtiera mucho. Cero preocupaciones. Y no, no es que sean unos pasotas, es que para ellos lo de conocer gente de manera primero virtual y luego personal es una forma más de hacerlo.

Recuerdo que cuando yo terminé el colegio, cuando acabé octavo de EGB para incorporarme a la apasionante vida del instituto, dejé atrás a mis amigas. No era fácil entonces continuar la amistad. Había que hacer un esfuerzo. Escribirse o llamarse al teléfono fijo. Todo para que probablemente a los años te dieras cuenta de que eran personas que no tenía nada que ver contigo.

Conforme vas cumpliendo años y va avanzando tu vida, muchos amigos «de los de siempre«, siguen estando ahí a pesar de esas maneras diferentes de pensar, simplemente porque son tus amigos de siempre. Porque los has conocido en un entorno «normal«, presencial, aceptado. El colegio, el instituto o el trabajo son lugares aceptados para hacer amigos. De los que te aseguran una cierta inmunidad contra las personas tóxicas o peligrosas.

Y esto, no es que no sea cierto. Es que a mi modo de ver es completamente falso. Y hay mil ejemplos de ello.

Pienso que si le hubiera dicho a mi madre que me iba de finde con 4 compañeros de trabajo que llevaban un mes en la empresa, para conocernos mejor, no se habría asustado tanto. Aunque lleváramos menos tiempo interactuando y que nos hubiéramos contado menos cosas al tratarnos en un entorno laboral.

El fin de semana fue fantástico, por cierto, pero incluso entre los asistentes que fuimos convencidos de querer hacerlo, a veces se respiraba ese clima de «ojo cuidado, que no nos conocemos, que las redes no son lo mismo».

No estoy diciendo con esto que no tengamos que tener cuidado, pero tenemos que hacerlo también en el mundo no virtual. Yo estoy feliz con mis nuevos amigos. No sé si pasarán por mi vida de refilón o se quedarán más tiempo. No quiero pensar en eso ahora.

En cualquier caso ya forman parte de lo que soy. Ya me han enseñado cosas. Ya han influido en mí de alguna manera.

Exactamente lo mismo que me pasa con los «reales».

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