Días Sin Mí

El año que desaparecí, me llevé como única pertenencia el libro “Días sin ti” de Elvira Sastre. Aquel 25 de marzo yo no sabía que iba a desaparecer un año entero. No estaba planeado así. Pero así fue. A fecha de hoy, dos años y medio después, aún no he  leído el libro. Ahí está, pendiente. Es increíble la fuerza que puede tener un libro para uno incluso sin leerlo. Para mí ahora es como una especie de amuleto, una señal. Aquellos fueron para mí muchos días sin ti, y en ese ti, lo metí todo.

“En ese ti, lo metí todo”

A las cinco de la tarde de un 25 de marzo, el día que desaparecí,  apagué el móvil, cogí algo de ropa para 15 días, el libro de Elvira y nada más. Y me fui. Al poco me hice con más ropa y con más libros. Porque me di cuenta de que  aquello iba a alargarse mucho tiempo. Mi vida se convirtió en pasear, hablar con gente desconocida, hacer deporte, comer bien, dormir bien y leer. Nada de redes, nada de noticias, nada de trabajo, ningún contacto con nadie que conociera de antes más allá de mi familia, ningún tipo de estímulo externo. Yo frente a mí. Y yo a mi lado. Todo el tiempo. También estuve cuatro meses enteros sin escuchar música. Luego apareció esta canción, muchas veces, y la recuperé. La música fue lo primero que recuperé, aunque solo escuchaba a Cullum y a The Beatles.

“El día que desaparecí cogí el libro de Elvira y algo de ropa”.

 La desaparición duraría entre año y año y medio porque fui volviendo a la vida poco a poco a partir del año. El que ha vivido algo así, queda marcado por la experiencia. Desaparecer es  lo más cerca a descubrir en vida qué pasará cuando mueras .Es decir, cuando vuelves, descubres por ejemplo, que el mundo funciona igual o mejor sin ti. Averiguas que hay gente que ha estado muy preocupada sin saber nada de ti, que debe ser lo más cerca al duelo si hubiera sido por pérdida definitiva.  Y también descubres que hay gente a la que le ha dado absolutamente igual tu ausencia.

“El mundo funciona igual o mejor sin ti”

Lo que yo viví ese año, la experiencia,  no la puedo explicar. No sabría ni por dónde empezar a hacerlo. Pero a la vuelta he tenido que adaptarme a la rueda para poder convivir. Contar esta experiencia, por ejemplo, me coloca para la gente en un lugar extraño. ¿Y de qué has vivido? Yo no podría. Menuda suerte. Ojalá pudiera. Eres un bicho raro  Así que he dejado de contarla.  Porque no quiero situarme en un lugar extraño. Quiero vivir en el mundo. Aunque el mundo siga girando como antes de irme, ahora me voy bajando y subiendo de él cuando quiero, como de aquel clásico tranvía de Lisboa, agarrándome y soltándome de la barandilla de fuera.

Los días sin ti me enseñaron a aceptar que hay días sin mí, y entender eso es maravilloso.

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