En un mundo de máquinas, ¿qué pasará con las excepciones?

El otro día fui a comprar el pan y me metí en el bar de la esquina a tomar un café con leche. Tal y como lo pedí me di cuenta de que no llevaba ni un céntimo encima. Siempre he sido muy de pagar con tarjeta y desde que vivimos en pandemia mucho más. Antes, cuando fumaba, llevaba efectivo para la máquina de tabaco, pero como ya no fumo no tengo razones para hacerlo.

En el bar de la esquina no tienen datáfono pero sí que tienen memoria. Y ella me conoce. Así que cuando le digo que no llevo dinero me dice que ya se lo pagaré mañana o pasado, o cuando vuelva a por otro café. Es una pena que la pantalla táctil del Mc Donalds no sea capaz de decirme lo mismo.

Si un niño de 12 años sube al autobús urbano con su mochila cargada de libros y le faltan 5 céntimos para pagar el billete lo más lógico es que el conductor se los perdone aunque luego tenga que ponerlos él. Y así en mil situaciones.

Sin embargo, en un mundo en el que las máquinas ocupan un montón de tareas rutinarias, ¿dónde quedan esas excepciones que se hacen por pura empatía?

Uno de los ejemplos más claros que se me ocurren son las lavanderías autoservicio. Una puerta abierta de un pequeño local con un par de lavadoras y un par de secadoras que se activan con monedas y nada más. Ni siquiera tienes a alguien que te consuele si tus camisetas se tiñen de azul con los vaqueros.

¿Harán las máquinas un mundo más desnaturalizado? ¿Nos proporcionarán la excusa para no hacer un ejercicio de empatía con los demás? ¿Nos convertiremos un poco en máquinas por pura retroalimentación?

yellow and black robot toy

No tengo claro si al final se conseguirá crear una máquina, un androide, una inteligencia artificial que pueda tener algo de empatía, pero dudo mucho que sea capaz de pensar como un ser humano: mentir para no hacer daño, llorar con una canción, fingir un orgasmo, apiadarse de un alumno que tiene un 4,9 o actuar por instinto.

Porque es posible que las máquinas puedan acabar teniendo cerebro, pero siempre les faltará ese «algo» que es inherente a las personas.

Es imposible que las máquinas tengan alma. O eso espero.

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