Esta web está que arde.

Según las últimas informaciones que me llegan esto está muy caliente.

No, no se trata de la novela «Los drépanos» que está en todo lo alto. Ni siquiera del último artículo de Rubén acerca de las descripciones de Tinder. Esto está ardiendo literalmente aunque no lo parezca.

Porque amigos, ni toda la tecnología del mundo puede con los desastres naturales. Para muestra el añito que llevamos ya con el maldito bicho que odia el amor, que no permite que nos toquemos, ni que nos besemos, ni que nos abracemos.

A lo que íbamos, que pienso en el contacto social y me pierdo. Incendios, terremotos, inundaciones y «Filomenas» que vienen a bajarnos de la nube en la que nos habíamos instalado.

¿Y por qué hablo de esto? Pues porque que ha habido un incendio en unos de los centros de datos más importantes de Europa. Afortunadamente sin daños personales.

Una de los edificios de OVH y parte de otro han ardido y eso significa que todos los servidores han sido destruidos. Y lo que había en los servidores, también. Eso incluye páginas web e incluso algún servidor de Minecraft. Se han quemado también los backups, así que muchas empresas lloran hoy por la pérdida de sus datos.

Todo esto me lleva a plantearme qué salvaría yo si hubiera un incendio en mi casa. Miro a mi alrededor desde donde estoy sentada escribiendo e intento decidir.

En esta habitación está la guitarra. Me gusta mi guitarra. Es una Fender electroacústica negra, muy bonita, que suena infinitamente mejor cuando la toca mi hijo que cuando la aporreo yo. La guitarra sería un gran objeto para salvar, pero al girar la cabeza veo un bombín firmado entre otros por José Antonio Romero y pienso en que si bien no tiene valor monetario si que me recuerda a una noche especial porque supuso un final y un inicio.

Este vídeo no tiene mucha calidad pero a partir del 1:13 se puede ver a José Antonio Romero en acción.

Si me voy a la estantería del pasillo tendría que elegir entre los álbumes de fotos de cuando mis hijos eran pequeños o la edición especial de «Cien años de soledad» que compré para regalar y acabé quedándome yo.

Del resto de la casa seguramente no me detendría a salvar nada. Como mucho el farolillo que me trajo Jose de Gran Canaria o el CD en el que se esconden los acordes de «Eva tomando el sol«.

Al final, todo son objetos materiales que vamos desplazando de lado a lado durante nuestra vida o que guardamos en un cajón durante años y años por alguna extraña razón. ¿No cabe todo lo que necesitamos en una maleta? ¿No es el mejor backup nuestros recuerdos?

¿Qué salvarías tú de un incendio?

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