Extravagantes formatos físicos de álbumes musicales

Durante la época dorada de los formatos físicos de los discos musicales (antes de que llegase el streaming para arrasarlo con casi todo) algunos artistas y bandas se atrevieron a presentar sus álbumes en formatos originales para llamar la atención y conseguir publicidad o por el placer de ofrecer algo especial a sus fans.

Una manera muy inusual de sacar un disco, si es que así se puede llamar a lo que hizo el músico de pop Beck en el 2012, fue presentar sus nuevas canciones solamente como un libro con las partituras y las letras. Quién compraba “Song Reader” tenía que saber leer música e interpretar él mismo las canciones.

Muchos de sus fans se lanzaron a grabar sus propias versiones y a colgarlas en internet, y era muy interesante ver cómo una misma canción podía sonar tan distinta según quién la interpretase. Dos años años después del debut de este curioso “disco” el propio Beck lo acabó grabando y lo sacó como un álbum estándar.

El grupo de pop-rock Spiritualized presentó su disco “Ladies and gentlemen we are floating in space” que consistía en 12 cd’s pequeños de 3 pulgadas con una sola canción en cada uno de ellos, presentados dentro de una caja que parecía la de un medicamento. Venía con un prospecto donde se detallaban de manera divertida los posibles efectos secundarios al escuchar cada una de esas canciones cómo si fuesen píldoras.

El grupo de pop-rock psicodélico The Flaming Lips (que ya vimos haciendo conciertos dentro de burbujas durante la pandemia del coronavirus) sacó en 1997 su disco “Zaireeka” con una premisa muy original: se trataba de 4 CD que había que hacer sonar a la vez con 4 reproductores por separado para poder escuchar el disco con todos sus instrumentos y voces a la vez. Las combinaciones de poder escuchar solo 2 CD a la vez o de hacerlos sonar sin sincronizar daba mucho juego a los fans.

Pero su mayor locura fue la manera de vender su disco “The Gummy Song Skull” en el 2011: se trataba de un pendrive USB con 4 canciones valorado en 150 dólares que venía escondido dentro de un cerebro de goma que iba dentro de una calavera humana también de goma. Para sacarlo había que hacer una “cirugía” con un cuchillo. No cabe duda de que ésta banda lo de la psicodelia se lo toman muy a pecho.

El músico Jack White (que ya sabemos que es muy dado a jugar con los formatos físicos de sus discos) sacó un vinilo con todos los singles de su discográfica, Third Man Records, para conmemorar su 3r aniversario. La gracia es que para escuchar las 56 canciones que están metidas en ese único vinilo hay que poner el tocadiscos a una velocidad de 3 revoluciones por minuto. Teniendo en cuenta que la mayoría de tocadiscos funcionan como muy lento a 33 1/3 revoluciones por minuto está claro que la mayoría de oyentes escucharan las canciones 30 veces más rápidas de lo que deberían. Así que es mejor tomárselo con humor y aceptar que este disco es básicamente un objeto de coleccionismo y otra travesura más de Jack White.

Pero si hablamos de maneras extravagantes de sacar un disco tenemos que mencionar “Once upon a time in Shaolin” del grupo de hip-hop Wu-Tang Clan. Sólo se realizó una copia en el año 2014, presentado como dos CD dentro de una lujosa caja metalizada con el logo de la banda. La idea era venderlo al mejor postor como una obra de arte, con una cláusula que indicaba que no se podía revender durante 88 años pero que si el comprador lo deseaba podía colgarlo gratis en internet.

La puja llegó a los 2 millones de dólares y meses después se descubrió que el comprador había sido ni más ni menos que Martin Shkreli, el CEO de la farmacéutica Turing famoso por haber subido desproporcionadamente el precio de medicinas vitales para muchos enfermos y que tres años después acabaría en prisión por fraude.

Wu-Tang Clan sintieron tanta rabia al saber que el comprador de su disco había sido uno de los hombres más odiados de Estados Unidos que donaron una gran cantidad de dinero a causas benéficas.

Actualmente el disco, que fue confiscado por los agentes federales encargados del caso contra Martin Shkreli, se encuentra acumulando polvo en algún almacén del gobierno.

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