Felicidad en taza

Y es que no hay nada más triste que recordar los sueños del pasado, para comprobar que poco se cumplió de lo que habíamos soñado.

Después de brindar – Ariel Rot

«Después de brindar» del gran Ariel Rot es una da las canciones que más tristeza me produce de todas las que he escuchado alguna vez. A pesar del millón de canciones de desamor que pueblan mi cabeza, esta es, sin duda, una de las que más congoja me producen.

Es también de desamor, o no, no lo sé. De desamor con uno mismo. Cuenta la historia de una mujer, que en medio de una celebración familiar en casa de sus padres, sube a la habitación, saca de su bolso de Christian Dior una pistola y se pega un tiro.

¿Y por qué estoy hoy aquí hablando de esta canción? Porque es la que viene a mi memoria cada vez que alguien pronuncia la frase: «Los sueños se cumplen si los deseas con mucha fuerza, o si trabajas mucho por ello» o similares.

No nos equivoquemos. Estoy de acuerdo de que una actitud positiva en la vida es fundamental. También que hay que luchar, caerse, levantarse, volver a intentarlo las veces que haga falta y no desfallecer. Pero también creo que hay que tener un poco de suerte.

Hay millones de carreras deportivas que hubieran sido brillantísmas si no hubiera sido por una lesión inoportuna. Muchísima gente tiene que renunciar a sus sueños debido a una enfermedad propia o de un familiar. Y así mil ejemplos más.

Las frases de autoayuda como: «Si la vida te da limones hazte limonada» me recuerdan un poco al «¿A qué huelen las nubes?» de los anuncios de compresas. Venta de felicidad en taza que nos genera unas expectativas nada realistas.

La vida es alegría y pena, amor y desamor, victorias y derrotas y nada es eterno. Si quieren poner algo en una taza que pongan: «Esto también pasará«, porque todo pasa, también lo bueno.

No caigamos en el error de educar a toda una generación super «positive» de cara a la galería, mientras se automedica con ansiolíticos.

En resumen, más terapia y menos autoayuda. Más tener los pies en el suelo y menos «coach» de pacotilla.

Que para finales super felices, ya están las pelis románticas de los noventa.

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