Los Borrachos

Mi nombre es Rafael Prieto y estoy sobrio. Llevo ya dos meses encerrado en este pequeño hotel abandonado.

Todos los que estamos aquí, apenas unos veinte por ahora, aguantamos serenos. Ahí fuera, la mayoría de la población, está completamente borracha. Una locura. Albergamos la esperanza de que haya otras comunidades de gente sobria como la nuestra. Pero no estamos seguros de ello.

«la mayoría de la población está completamente borracha»

Las noticias que nos llegan por radio, televisión e internet no son muy alentadoras. Presentadores, reporteros, concursantes, actores, actrices, entrevistadores, entrevistados, todos completamente borrachos. Las redes sociales, llenas de mensajes indescifrables en tuiter de gente que no atina a escribir bien. Las imágenes colgadas en redes como Instagram o Facebook, un despropósito de gente haciendo el ridículo en una constante preocupante. Por lo que parece, el fenómeno alcanza a todo el mundo, no solo a España. Todo el mundo opina de cualquier cosa, la cosa se ha ido de madre. Parece que el mundo lleve varias copas encima en una creciente constante. De momento aquí, parece que estamos a salvo. Pero cada noche aparecen cientos de borrachos en la puerta queriendo entrar a decirnos lo que opinan de algo. Nosotros los mantenemos a raya disparándoles modernas construcciones semánticas. Aturdidos, se alejan. No falla.

«Gente haciendo el ridículo en una constante preocupante»

Dice mi compañero de cuarto que apague la televisión. Van a subir de enfermería a darnos las medicinas. Desde hace varias semanas escupo las pastillas, temo que me den el alta y salir ahí fuera para vivir como cualquiera, opinando constantemente. He decidido mantenerme sobrio en mi delirio, y cuando tenga que decir algo, será porque alguien quiere, si ya no escuchar, al menos oírlo.

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