¿Hace falta ser humano para ser un cantante de éxito?

FN Meka sería simplemente uno más de los centenares de raperos que están ganando fama en TikTok (tiene más de 9 millones de seguidores) si no fuera por una característica muy peculiar que le distingue del resto de estos artistas: no es humano.

Sí, técnicamente su voz se la presta un ser humano, pero son simplemente sílabas y palabras sueltas que sirven para que este rapero-avatar cante sus canciones originales que han sido compuestas por un algoritmo.

“¿Hace falta ser humano para lograr ser un artista de éxito?”. Según Anthony Martini, cofundador de la discográfica Factory New, la respuesta es rotundamente no. Y así de golpe y porrazo han hecho realidad el sueño de todas las discográficas y mánagers: un artista que nunca les crea problemas y que les proporciona el 100% de los beneficios económicos. Para Factory New resulta que al final lo imprescindible no eran los artistas, sino las discográficas.

Anthony Martini lo tiene claro: “Si los fans sólo ven a sus artistas favoritos en las redes sociales entonces ¿qué importa si esos artistas son personas reales o avatares?”. Según él todo son ventajas: el artista nunca pondrá problemas a la hora de trabajar, podrá tener la imagen perfecta que los estudios de mercado sugieran que es la más rentable, nunca envejecerá y si su éxito no disminuye podrá seguir sacando singles y generando dinero gracias a su “inmortalidad”.

Naturalmente la mayor duda que podemos tener es si las canciones de este rapero virtual son buenas o no. Por lo visto a más de 9 millones de personas les parece que sí, y la inteligencia artificial que crea estas canciones irá mejorando y volviéndose más sofisticada y compleja con el paso del tiempo, así que cada vez será más difícil distinguir una canción creada por un humano de otra creada por un ordenador.

¿Será esto el principio del fin de los artistas musicales tal y como los conocemos ahora? Todo apunta a que para algunos determinados estilos musicales ahora mismo ya existen fórmulas y tópicos que se usan para crear canciones comerciales, así que solo era cuestión de tiempo que esas fórmulas y tópicos se convirtiesen en un algoritmo autosuficiente que no requiriese de supervisión humana. Y si al público le gustan esas canciones y las consume no hay nada más que añadir: el objetivo se ha cumplido.

Sí, claro, siempre habrá ese factor humano que hace que las canciones más queridas tengan algo así como un “alma”. Y no esperemos a que estos nuevos artistas-avatares hagan nunca una gira mundial de conciertos (a menos que sea a través de pantallas o hologramas). Pero nadie dudaba de que si las discográficas podían lograr crear y vender canciones como quien vende churros y pudiéndose quedar con el 100% de los beneficios sin tener que tratar con ninguna diva no dejarían pasar esa oportunidad de largo.

Música creada sin alma, con ceros y unos, y consumida en un mundo digital por usuarios que pasan más tiempo delante de una pantalla que del mundo real. Quizás sí que al final sea tristemente perfecto que la banda sonora de este futuro distópico la pongan también las máquinas con ceros y unos y no nosotros, tristes humanos, tan prescindibles y mortales.

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