Hacer Cola

El futuro había traído consigo de unos años para aquí la reducción paulatina del uso de uno de los Phrasal Verbs que tenemos en castellano: Hacer Cola. Las compras a través de internet, los Take Away y otro tipo de uso tecnológico habían conseguido que desaparecieran del paisaje urbano las colas y con ello el citado verbo compuesto. Las colas quedaban reducidas a lugares habituales como la oficina del Inem.

Pero llegó el COVID y con ello el regreso del verbo y la acción. Volvemos a hacer colas. Por las medidas sanitarias, todo va más lento.  Y se forman colas. Ayer en Sant Jordi llegué a ver una que daba la vuelta a la manzana para comprar rosas. Era una cola preciosa. Decenas de personas esperando para comprar una rosa para alguien o para sí mismos. Lo mismo pasaba con los libros. La cola. La pausa. Y el móvil, claro.

«Llegó el COVID y con ello han vuelto las colas»

Ayer me detuve en seco a observar esa cola. Una cola para tu vida. Antes no nos incomodaban, recuerdo haber conocido a personas maravillosas haciendo cola. Recuerdo hablar, reír, y tener charlas interesantes con cualquiera. Ayer nadie hablaba con nadie. Silencio. Caras serias. Caras largas. Caras de incomodidad. Incluso en una cola con el objetivo de comprar una rosa para celebrar el amor con alguien las caras de circunstancias eran un poema. Y ahí estaba el móvil para salvar la situación. Cada persona en la cola, mirando su móvil. Me fui entonces al final de la cola y observé lo que iba haciendo cada persona que llegaba a la cola. La repetición era la misma. Llegaban, miraban la cola, miraban el reloj, se ponían en cola, dejaban pasar 1 minuto, sacaban el móvil.

«Recuerdo haber conocido a gente maravillosa haciendo cola»

Ayer recomendaba el libro “El dia que Selma soñó con un Okapi”. Cada vez que Selma sueña con un Okapi, alguien del pueblo muere. Esto no es un spoiler, lo pone en la hoja de promoción. Bien, mi pasaje favorito, y esto sí es un spoiler, es cuando Selma sueña con un Okapi y una persona del pueblo se queda quieta para no morirse. Al final, se muere por quedarse quieto, la sangre deja de circular, los órganos dejan de funcionar. Ayer pensaba que ese hombre si al menos estado en una cola los dedos y los ojos le hubieran mantenido con vida.

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