Las horas perdidas

Los ordenadores son como los bikinis. Ahorran a la gente un montón de conjeturas. (Sam Ewing)

No quiero pecar de nostálgico, pero hay cosas que me molaban mucho más hace apenas unos años. ¿Quién no ha pasado horas discutiendo si un determinado actor había salido o no en una película o cuantos goles había marcado determinado jugador en un campeonato?

Recuerdo hace años entrar, después de la boda de mi prima, en un bar de Segovia donde estaban tomando algo antes del convite la mayoría de mi familia y observar al dueño de local enfrascado en una discusión acalorada con un tío mío sobre en cuanto tiempo era posible llegar de Pamplona a Madrid. Habían desplegado un mapa de España para saber exactamente los kilómetros de esa ruta y consensuado una velocidad media para determinar si era o no posible la fanfarronada de tiempo que afirmaba haber realizado mi tío. Por supuesto estábamos todos borrachos y era otro mundo, de todo esto hará unos 20 años.

Hoy la wikipedia, GoogleMaps o cualquier aplicación similar que está en nuestro teléfono nos facilita la solución a todo tipo de problemas en menos de un minuto. Lo sé, es mejor y hemos de aplaudirlo, pero me vais a permitir un deje de nostalgia por ese mundo en el que acceder al conocimiento era un entretenimiento en sí mismo mucho más que un fin. Echo de menos ese tiempo que nunca fue perdido.

Un día le escuché al gran Javier Krahe decir «Cualquier tiempo pasado fue anterior» y me parece un gran antídoto contra la idealización de otras épocas, no obstante, os dejo una reflexión que mi amigo Alfonso de Jaén me soltó en plena borrachera simpática en medio de las calles de Granada una noche cuando hablábamos sobre el auge de las páginas porno y la dependencia de la tecnología: ¿Cuando fue la última vez que te masturbaste de memoria?

Os dejo una de mis canciones favoritas del gran Zambayonny, colaborador del podcast y gran amigo.

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