LOS BORRACHOS. Capítulo 10: Los Papeles

Laura y yo nos sentamos en la parte delantera de la furgoneta. Manolillo y Jordi se acostaron detrás y no tardaron en quedarse dormidos. Manolillo se había quedado tirado con su copa de balón en la mano. Increíble. No tardó en llegar el recital de ronquidos de ambos. Laura manipulaba la radio intentando encontrar alguna frecuencia. Le invité a desistir, diciéndole que lo mejor sería no saber de lo que estuviera pasando ahí fuera.

¿Qué piensas hacer tú, Laura?¿Tienes algo pendiente en mente? Por primera vez desde que nos habíamos conocido, Laura parecía abandonar su coraza de persona infranqueable aceptando aquella invitación que yo le lanzaba para hablar conmigo. La verdad es que no lo sé. Pero no me queda nada en Barcelona. Me viene a la cabeza una amiga, Bárbara, que vive en Fuenlabrada. Según me cuenta por Whatsapp está bien. Qué suerte le dije, a mí mi mujer y mi hija no me contestan y aparecen como desconectadas desde hace meses. Bárbara nunca ha bebido, sé que debe estar sobria. Vive sola además y que yo sepa no tiene novio. Me ha dicho que me vaya a su casa, que ya veremos. ¿Y tu tía?, le pregunté. No quiero saber nada de ella ahora. Me hacía la vida imposible. Solo me quería para cobrar la paga que le daban por cuidarme. No digas eso, Laura. Te digo lo que es y punto, me contestó.

Estoy harta. De mi tía, de esta situación y de toda esta mierda .Estoy pensando en emborracharme yo también y a tomar por culo ya. ¿Qué arreglarías con eso? Le dije. Eres muy joven. Fíjate la gente que nos vamos encontrando por el camino. ¿De verdad quieres acabar así? ¿Y tú? Me replicó, ¿Cómo has acabado tú?. Sobrio y solo. Abandonado. No sé chica, igual fue culpa mía. Igual hice algo. Madre mía, me dijo ella, despierta ya tío, ponle un poco de huevos al tema. Que tu mujer se fue con un youtuber. Sí ,lo sé, pero igual le fallé yo en algo y luego está mi hija, la busco más a ella. Y una mierda. Tú quieres recuperar a tu mujer. Te lo veo en esa cara de idiota que me llevas. Bueno, vale ya ¿no? Le dije. La chavala lleva razón dijo Manolillo. Vaya, el que faltaba. ¿Cuánto falta? Venga, el otro. Ya estamos todos despiertos. Bienvenidos al mundo. ¿Cuánto fa falta? Mientras Jordi me preguntaba eso, Manolillo se preparaba una copa.

Estábamos en algún punto entre Lleida y Zaragoza y empezaba a anochecer. Busquemos un lugar tranquilo y solitario donde poder pasar la noche. Nos adentramos en una carretera nacional y de ahí en un atajo que parecía llevar a un descampado con una arboleda. Coño, de camping, dijo Manolillo riéndose y dando un sorbo a su copa de balón. Aquí mismo vamos a pasar la noche.

De repente, una sombra apareció de la nada golpeando mi ventanilla a golpes con su pistola. A ver, usté, los papeles del ve ve ve hículo. Un guardia civil uniformado, que no sabíamos de dónde había salido, estaba allí, borracho perdido, pidiéndome los papeles del coche sujetando su arma reglamentaria. A escasos metros , lo que parecía su compañero, estaba tirado en el suelo rodeado de botellas de vino. Creo que por eso no les vimos, porque ambos estaban tirados en el suelo. El caso es que uno de ellos se había puesto de pie y ahora me pedía los papeles de manera poco amigable. Manolillo cogió de manera intuitiva la bolsa Nike con el dinero y la guardó en uno de los armarios. Laura entró en parada. Jordi se empezó a reír. Sí, señor agente, un momento, aquí están, acerté a decir. Me giré y dije, todos quietos y tranquilos, dejadme a mí.

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