LOS BORRACHOS-Capítulo 2: Àngels Barceló

Nadie sabe en realidad cuándo empezó todo, pero calculamos que alrededor del pasado 22 de diciembre, después del fin de semana de las cenas de empresa de Navidad. ­­A partir de ese día, todo aquel que se ha emborrachado ya no ha vuelto al estado sobrio. La semana pasada, dos compañeros del hotel que salieron a dar un paseo hartos de estar encerrados, bebieron y regresaron totalmente ebrios. Y de ese estado no logran volver. Es curioso el tema. No se les pasa la borrachera. Les tiramos agua, les damos café, ibuprofenos, …Incluso les consolamos las penas. Pero nada. Lo máximo que hemos conseguido es que uno de ellos le dé un guantazo al bueno de Pérez, el cocinero, y le tire el cubo de agua a la cabeza. El caso es que los vamos a echar. Estaban advertidos. Salir es peligroso y las normas son iguales para todos. Si te emborrachas no puedes estar aquí. Los borrachos no son gente peligrosa en su mayoría pero algunos sí pueden resultar violentos o muy pesados.

Recuerdo que aquel lejano ya 23 de diciembre el despertador me sonó a las 7 de la mañana, como siempre y con él automáticamente se activó la radio, Cadena Ser y la voz de Àngels Barceló, de quien debo reconocer, siempre he estado locamente enamorado. Mi afán por escucharla viene dado más por eso que por las noticias en sí, que cada día más me parecen un coñazo. Aquella mañana, la voz de Àngels sonaba rara y a la vez, se atropellaba constantemente, pero yo no le di entonces mayor importancia. Debo decir que ella es lo más cercano a un nuevo amor en mi vida desde que Elena, mi mujer, y Marta, mi hija adolescente, se habían marchado de casa para siempre. A los cinco minutos, una voz disculpaba la ausencia de Àngels para el resto del programa, se encontraba indispuesta. Vaya por Dios, pensé.

Sea como fuere, hoy he tomado la decisión de salir de aquí. No sé nada de Elena ni de Marta. No contestan a mis llamadas, ni a mis correos. ¿Estarán borrachas? Se ponían chispitas en Navidad pero nunca habían sido muy de beber. Confío en encontrarlas sanas. O con el puntito gracioso como mucho. La incertidumbre me está pudiendo. Sufro por ellas. Definitivamente he de saber qué les ha pasado. Mañana mismo cogeré algo de provisiones, un par de mudas, una mochila y saldré a buscarlas. Además, sospecho que mi compañero de cuarto está infectado porque vocaliza de una manera muy sospechosa como para que no nos demos cuenta. “¿ME PAAA SAS POR FA VOR EL MAN DO DE LA A A TE EE LE?” Me recuerda demasiado a mí cuando llegaba a casa de mis padres a las cinco de la mañana y entraba en la habitación a decirles que ya estaba en casa. Venía ensayando la frase desde que salía del último garito: “YA-ESTOY-EN-CASA”. El caso es que no quiero delatar a Jordi. Le he cogido cariño.

¿Te ha gustado?

20 points
Upvote Downvote