LOS DRÉPANOS: CAPÍTULO 2

PARABARITO

Eran las 4 de la mañana y a la mujer del Cheba no le sorprendió en lo más mínimo que su marido la llamara a esa hora así que atendió casi en automático sin imaginar lo que estaba por escuchar.

  • María, nos atacan los marcianos, levanta a los niños, avísale a tu madre si quieres, toma el arma que está dentro de la funda de la guitarra, traba las ventanas y cierra la puerta con dos vueltas de llave.

La mujer se incorporó de inmediato y respondió sin inmutarse:

  • ¿Estás preso no?
  • Que no, María, que me acabo de enterar que nos atacan los marcianos y a tí pareciera que te da igual.

La mujer por primera vez pareció tomar cierta dimensión de lo que estaba ocurriendo así que respondió con el tono de voz más calmo que pudo.

  • Si estás secuestrado y no puedes decirlo por favor pronuncia la palabra: Parabarito 
  • ¡Pero coño! – respondió exaltado el Cheba – ¿Cómo podría incluir la puta palabra parabarito en una oración lógica delante de secuestradores? Te estoy diciendo la verdad, mujer
  • ¡Tú nunca dices la verdad! – respondió ella enfadada por la hora, por lo que estaba oyendo y por quién sabe cuántas viejas historias entre ellos dos
  • Esta vez es distinto – contestó él y tenía razón.

María se quedó callada y María nunca se quedaba callada.

Ellos se habían conocido en Madrid cuando eran muy jóvenes a través del hermano de María que era un muchacho muy bien conectado con el cual el Cheba mantenía ciertos negocios de los que no se hablaban en voz alta. Cuando la policía no estuvo de acuerdo en la legalidad de esos asuntos arrestó al hermano de María una madrugada y pese a que éste no delató a nadie la joven pareja decidió abandonar la península de un día para el otro y mudarse a Tenerife para empezar de nuevo y formar una familia.

Al poco tiempo de buscar empleo le ofrecieron un puesto de limpieza en el Observatorio Espacial del Teide. Al principio el Cheba dudó en aceptar la propuesta porque jamás había trabajado en relación de dependencia. En realidad casi nunca había trabajado y jamás había sostenido una escoba más que para matar a una rata en la casa de sus padres cuando era niño, sin embargo le había prometido a María que buscaría un trabajo honesto con tal de que ella lo acompañara en su huida de Madrid hacia las Islas Canarias y no quería defraudarla. Por otra parte pensó que en ese trabajo no habría demasiada competencia y si se ganaba la confianza de los jefes del observatorio con su carisma y su habilidad para resolver inconvenientes podía obtener en pocos meses algún tipo de ascenso hasta dejar el balde para que limpie otro. Obviamente el plan del Cheba no funcionó en lo más mínimo ya que era virtualmente invisible para sus superiores con los que casi no compartía horario laboral porque la limpieza se realizaba de noche cuando sólo quedaba una mínima guardia vigilando el espacio exterior desde un salón con decenas de pantallas. 

Compensaba esa vida recorriendo la isla con la funda de su guitarra asaltando turistas con una escopeta que escondía ahí dentro.

Esa madrugada, mientras el Cheba conducía nervioso su furgoneta desde el Observatorio Espacial hasta su casa para contarles lo que estaba sucediendo a su familia y también a algunos vecinos a los que María había despertado para avisarles que su marido traería “noticias impactantes que todavía no estaban en los noticieros”, algunas de las naciones más poderosas de la Tierra formaban un comité de crisis compuesto por políticos, científicos, militares y allegados para analizar la situación en una teleconferencia mundial secreta sin precedentes.

Cada uno de los mandatarios junto a sus equipos exponían la información con la que contaban sin guardarse ningún detalle porque ni siquiera había tiempo para la especulación política. El miedo los igualaba como un reflector. Además, la verdad, es que todos contaban más o menos con la misma información, esa que decía que alrededor de diez mil puntos en el espacio se aproximaban a nuestro planeta a una velocidad nunca vista.

Los traductores de todos los idiomas ajustaron sus auriculares mientras se abrían los micrófonos, se encendían las cámaras y comenzaba la primera reunión del Comité de Crisis con más urgencia que solemnidad. El encargado de tomar la palabra para dar la bienvenida fue el Cónsul que era el más acostumbrado a romper el hielo en los Congresos y en las fiestas fuera de protocolo.

  • ¡Hola! Sean bienvenidos a este primer encuentro del Comité Urgente de Crisis, que de ahora en adelante llamaremos simplemente por la sigla CUCO
  • Falta la O – acotó con razón el General Sanders
  • Queda mejor así, y tiene más que ver con todo este asunto – argumentó el Cónsul
  • Empezamos mal – murmuró el General
  • Por favor no es momento de detenerse en eso, no sean imbéciles – intercedió con su habitual autoridad la Canciller alemana y entonces ya no se habló más del nombre.
  • Bueno, antes que nada quiero plantear la mínima posibilidad de que tal vez no sean naves – continuó el Cónsul sin creerse ni en lo más mínimo lo que estaba diciendo pero mostrando un optimismo a prueba de razones – quizás se trate solamente de un fenómeno natural producido por alguna explosión o algo así, no lo sé.
  • No, no – lo corrigió de inmediato el director de la NASA – son puntos en el espacio exterior que avanzan en formación geométrica y con movimientos inteligentes. Sin dudas son naves espaciales alienígenas

Un silencio pesado se esparció entre todos los conectados.

  • ¿Y de qué tamaño son las naves? – preguntó alarmada la secretaria personal del Ministro de Defensa de Francia como si eso cambiara mucho la situación
  • Bueno, todavía no lo podemos confirmar – le respondió algo dubitativo el director de la NASA sintiendo que era su responsabilidad tener esa respuesta
  • Nosotros tenemos hecho un cálculo aproximado –  expuso con cierta prudencia el jefe de la Agencia Espacial Federal Rusa
  • ¿Y cuánto les da? – volvió a preguntar cada vez más alarmada la secretaria personal del Ministro de Defensa de Francia 
  • Según nuestros cálculos – hizo una larga pausa aunque no había tiempo para pausas dramáticas – cada una de las naves espaciales que se aproximan a la Tierra tienen el tamaño de un estadio de fútbol
  • ¡Wow! –  se sorprendieron todos los que estaban en la teleconferencia sin poder dar crédito a lo que estaban oyendo
  • ¿Solamente el campo de juego o contando las gradas? – preguntó el enviado del Vaticano para que no haya una confusión.
  • Contando todo – respondió lapidario el ruso.
  • ¡A la marosca! – se asustó el enviado del Vaticano y se fue de la pantalla
  • ¿Cuánto falta para que lleguen estas criaturas de mierda? – preguntó la Canciller alemana con su típico pragmatismo
  • Siete días – le respondieron varios.
  • O sea… una semana – calculó bien el presidente de EEUU
  • La mejor defensa es un buen ataque – interrumpió el agregado cultural de Israel como si hubiese dicho lo que había que decir
  • Mire, con todo respeto, un ataque preventivo en el espacio contra diez mil naves del tamaño de un estadio de fútbol que viajan a la velocidad de la luz es absolutamente imposible – dijo el General Sanders
  • Usted no me va a decir lo que es imposible – le replicó con voz finita el enviado israelí
  • Es imposible, lo lamento – repitió lacónico el General Sanders y entonces todos dijeron “uhhh” como si le hubiera pegado un puñetazo en los dientes
  • ¿Y si hacemos un escudo magnético protector alrededor del planeta para que las naves enemigas estallen cuando choquen contra él? – propuso el Primer Ministro del Reino Unido haciendo un círculo en el aire con las dos manos.

De inmediato le cortaron la conexión. 

  • ¿Alguien más tiene alguna estupidez para proponer? – preguntó irónicamente el General Sanders 
  • No – respondió de inmediato el Presidente de EEUU
  • Entonces pasemos directamente al plan B 
  • ¿Matarnos antes de que nos esclavicen como hicieron los hombres de color negro? – preguntó muy afectado el presidente de EEUU
  • No, no – lo tranquilizó el General – yo no quisiera decir lo que voy a decir, pero… 
  • ¡Ya sé! ¡No lo digas! No lo digas… –  le pidió el Cónsul casi en una súplica
  • Es mi deber poner sobre la mesa todas las soluciones al alcance y por lo tanto no puedo evitar decir en voz alta a la más importante… hay que buscar a Voynich

Una serie de murmullos y lamentos se escucharon en todos los micrófonos al mismo tiempo.

  • ¿Quién es? – preguntó asustada la secretaria personal del Ministro de Defensa de Francia
  • Es el único científico en la Tierra experto en extraterrestres, sólo él puede darnos todas las respuestas que necesitamos… nos había advertido sobre esto y no le hicimos caso – se lamentó el General
  • ¿Y por qué no lo llaman ya? – preguntó confundida y con razón la secretaria del Ministro de Defensa de Francia
  • Bueno, no es tan fácil – susurró el ruso 
  • ¿Por qué?
  • Es que lo expulsamos de la comunidad científica – aclaró el hombre de la NASA
  • Y nos burlamos de él – recordó el ruso
  • Sí, y le quemamos el traje nuevo con un cigarrillo en la fiesta de fin de año científica
  • Claro, me había olvidado – dijo casi riéndose el ruso – le hicimos tanto bullying que nos volvimos expertos en bullying…

Todos volvieron a hacer silencio durante unos segundos como si recordaran anécdotas divertidas pero con tristeza.

  • Voynich… Voynich… la concha de su madre… – susurró preocupada la Canciller alemana 
  • No va a ser fácil ubicarlo, dicen que vive en las montañas aislado de todos o que habita una pensión mugrienta en medio de alguna gran ciudad o que pasa sus días en un barco pesquero atracando en cualquier puerto del mundo sin que nadie lo reconozca o que ahora es un magnate millonario que utiliza otro nombre y otro sexo
  • Si, se dicen cosas absolutamente dispares sobre él, incluso que está muerto
  • Bien muerto está el idiota
  • ¡Basta, ruso, no es momento de continuar con el bullying
  • Además no va ser fácil que colabore – aseguró el General Sanders
  • Sí, nos odia – dijo el hombre de la Federación Rusa entrando en razón
  • Y a la humanidad también – replicó el General Sanders
  • Y para colmo nosotros somos humanos – recordó el Presidente de EEUU
  • Mejor busquemos a otro – propuso el Cónsul – tiene que haber otro ¿No?
  • No hay otro como él – se lamentó el chino que hasta ahora no había dicho nada – sinceramente no hay otro como él… me voy a bañar.
  • ¡Yo si quieren lo llamo! – interrumpió la secretaria personal del Ministro de Defensa de Francia mientras se recogía el cabello. El chino volvió sobre sus pasos.
  • ¡Eso! Llamalo como cosa tuya – le propuso el Cónsul con renovada esperanza
  • Si, me parece bien – apuntó el director de la NASA – no le digas que hablaste con nosotros
  • ¡Perfecto, sí! Contale muy por arriba como está la situación a ver qué te dice
  • Ok, pásenme el número – dijo la mujer
  • Esperá, lo tengo que tener anotado en algún lado – respondió el Cónsul y se puso a buscar en una pequeña libreta roja llena de tachaduras hasta que lo encontró – acá está!
  • ¡Shh! No hagan ruido que voy a llamar – dijo ella y marcó el número de Voynich

Todos hicieron silencio para escuchar la conversación.

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23 comentarios

  1. Como ya es su costumbre Zamba nos hace entrega de esas historias que en un momento producen carcajadas y en otro te preocupan un poco, porque como es de público conocimiento se ha apuntado alguna premoniciones que un día….pero esperemos a saber de que van los drépanos antes de temerles o amarles. En hora buena, el capítulo de hoy lo has bordado!

  2. En España le dicen COCO….bah…creo q en todos lados hispanoparlantes salvo en Argentina y Uruguay…..ojo me lo dijo la secretaria personal del Ministro de Francia… ( q me la imagino una Natalia Oreiro minimo )….aplausos Zamba.

  3. Genial Zamba ! Esta información te la pasaron tus amigos de la NASA? O te estás juntando mucho con Hernán Casciari jajaja está buenísimo!!!

  4. Que bueno éste capítulo!! Me encanta porque en el momento menos pensado salta la palabrota inesperada, como la pasa de uva en una una empanada!!!😂😂😂

  5. Excelente historia, con lujo de detalles.
    Quiero saber como seguí…ya quiero que llegue pronto el martes

  6. ¡Está genial la historia!. En casa se me ocurrió leerles el capítulo 1 la semana pasada a todos (para que se engancharan) y ahora me obligaron a que les lea este también. Me parece que me vieron cara de HC en sus streamings. Ansioso esperando el martes que viene

  7. Dibuje maestro! Ya quiero ver como sigue.
    Pero si no atiende Voynich que lo llamen a Morresi.
    Abrazos desde el sur!

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