LOS DRÉPANOS – CAPÍTULO 4

OPERACIÓN DESNUDA

El encargado de planificar el viaje secreto de los integrantes del Comité Urgente de Crisis hasta la Isla de San Salvador en las Bahamas fue el Cónsul porque todo el mundo lo reconocía como un excelente organizador de fiestas y un gran anfitrión de contingentes.

Sus celebraciones solían transcurrir en diferentes, lejanos y sofisticados puntos del mapa donde asistían decenas de top models, importantes personalidades de la política internacional, figuras del deporte, estrellas de la música y actores de Hollywood que transcurrían la velada bebiendo el mejor champagne europeo y saboreando exóticos manjares presentados por los chefs más premiados del planeta. Obviamente nadie quería perderse ninguna de sus glamorosas fiestas, pero mucho menos la de su cumpleaños que solía ser uno de los eventos más esperados del calendario incluso por varios presidentes de distintas naciones.

Más o menos a las 3 de la mañana siempre, pero siempre, el Cónsul tomaba el micrófono un poco entonado por el alcohol, agradecía a todos los invitados por su presencia, proponía un brindis por cualquier motivo y acto seguido comenzaba a cantar. A veces lo hacía sobre una pista previamente entregada al DJ, en otras oportunidades acompañado por la orquesta que estuviera contratada para el evento y en el peor de los casos simplemente a capela. Los comensales sabían que ése era el precio que debían pagar por estar invitados a esas magníficas celebraciones por lo tanto aplaudían a rabiar y lo alentaban a los gritos apenas notaban que el Cónsul comenzaba a rumbear hacia el escenario. Incluso solían pedirle otra apenas terminaba de cantar la primera canción, a lo que él siempre accedía tras negarse mínimamente con una sonrisa humilde.

Sus clásicos, por supuesto, eran “A mi manera” y “New York, New York” a la que siempre le cambiaba la letra para nombrar a la ciudad en la cual estaba sucediendo la fiesta en ese momento. Al bajar del escenario todos lo iban a saludar y él se sacaba una foto con cada uno de los invitados más conocidos. Por eso mismo es que se jactaba de tener el mejor álbum de personalidades del mundo abrazadas con él.

Ahora todo era distinto, debía organizar el traslado secreto de importantes líderes mundiales desde diferentes puntos del planeta hasta una lejana isla en las Bahamas con la mayor de las discreciones y a contrarreloj. Sin embargo, lo primero que solicitó fue que le permitiesen poner un nombre a todo el operativo para poder tenerlo bien identificado en su cabeza como si llevara paralelamente muchas otras tareas que pudieran confundirlo. Al hombre de la NASA le pareció estúpido y fue el que más se negó, sin embargo los demás integrantes del Comité se dieron cuenta que era más fácil seguirle la corriente en esas pavadas antes que ponerse a discutir en serio. Le dieron el ok.

  • Se va a llamar “Operación Desnuda” – anunció el Cónsul con alegría y así bautizó también al grupo de chat.

Al principio estuvo dudando entre La Habana y Miami como centro de operaciones cercano a la isla de Voynich pero se decantó finalmente por la ciudad estadounidense ya que estudiando el calendario se dio cuenta de que podía aprovechar su estadía en la Florida para asistir al estadio y ver a sus amados Delfines contra los Jets de Nueva York. 

La Operación Desnuda estaba perfectamente organizada hasta el último detalle. Todo el cronograma fue recibido de manera codificada y con doble encriptación por cada uno de los pasajeros. De todos modos, no había mucho misterio. El plan consistía en que todos debían llegar a Miami dentro de las siguientes 24 horas para alojarse secretamente en diferentes puntos que el Cónsul ya tenía reservados y aguardar hasta la mañana siguiente en la que serían recogidos por diferentes ambulancias, patrulleros, camiones de caudales, taxis comunes y otros medios de transporte no identificados como vehículos oficiales que los llevarían directamente hasta las escalerillas de un bimotor privado, el cual luego los trasladaría a todos juntos en menos de cuarenta minutos hasta el aeropuerto de Cockburn Town en la Isla de San Salvador.

La explicación de los mandatarios para ocultar o justificar su viaje ante los medios y la población quedó en manos de cada uno de sus propios gobiernos aunque de todos modos el Cónsul les envió una serie de excusas disponibles que tenía preparadas para ciertas eventualidades. No las usaron. 

El primero en llegar al bimotor fue el ruso, lo hizo en un taxi. Traía poca ropa y un bolsito con sus iniciales. Parecía el típico turista patético. Se sentó bien adelante “para ir mirando” dijo.
En segundo lugar lo hizo el chino al que trajeron en un patrullero esposado para disimular. Incluso lo subieron esposado y el ruso riéndose pidió que no se las quitaran en todo el viaje así que se las dejaron puestas y le dieron la llave al soviético que amagó a comérsela ante la cara de estupor del chino.
Enseguida llegó la canciller alemana en un ambulancia, estaba vestida apenas con el típico ambo verde y un bolsito de la cruz roja, parecía una enfermera de la Segunda Guerra Mundial. Pidió que nadie le dirigiera la palabra. Luego de unos minutos arribó el hombre de la NASA en su auto particular y al mismo tiempo el General Sanders con su típica vestimenta militar parado en un jeep del ejército. Para el final quedaron el Presidente de EEUU que arribó en un camión de caudales vestido de Boy Scout, el agregado cultural de Israel que lo hizo en un taxi aéreo disfrazado de monje y por último Geraldine a la que trajeron vestida de novia en moto.
A medida que iban arribando los recibía el Cónsul quien les explicaba a los fastidiados pasajeros que apenas llegaran al hotel podrían volver a vestirse con sus propias ropas.
Todos se acomodaron en sus asientos, se colocaron el cinturón de seguridad y antes de despegar el piloto les dio la bienvenida, les dijo que había buen clima y les confirmó que el viaje duraría 38 minutos. Acto seguido tomó el micrófono el Cónsul y tarareó la banda de sonido de la película “Top Gun” hasta que le cerraron el micrófono.
Desde entonces el viaje transcurrió casi en silencio como había pedido dos veces la canciller alemana que parecía imperturbable y con un gesto que daba miedo. Apenas el avión alcanzó la altura crucero se mantuvo así por pocos minutos y luego suavemente comenzó a descender hasta atravesar las nubes y  permitir que los pasajeros pudieran observar a través de las ventanillas la paradisíaca silueta de la isla San Salvador.

  •  Ojalá nos hagamos mierda contra el suelo – susurró bajito la canciller alemana mirando con resignación la pista de aterrizaje. Automáticamente alguien le chistó para joderla.

Aterrizaron sin problemas y el avión se detuvo frente a la edificación del aeropuerto donde los esperaba en la más absoluta soledad una anciana nativa encargada de colocarles una guirnalda de flores alrededor del cuello y besarles los pies. El Cónsul fue el único que la abrazó, se sacó su guirnalda y se la colocó a ella en un gesto que nadie entendió. Inmediatamente una combi blanca blindada y con los vidrios polarizados los trasladó velozmente hasta el “Hotel Caronti” que estaba absolutamente vacío esperándolos. Al llegar cada uno fue asignado a una habitación con vista al mar menos el General Sanders que pidió con vista a contrafrente. Acto seguido les dijeron que podían bajar a desayunar a las 10 en punto y que luego de regresar a sus habitaciones volviesen a bajar por el ascensor directamente hasta el subsuelo donde se encontraba el estacionamiento aunque esa vez lo hicieran ya sin ropa y sin celulares porque desde ahí abajo nuevamente la combi los llevaría hasta la playa nudista donde los esperaba Voynich y esos elementos estaban absolutamente prohibidos en esa zona.

El desayuno fue tenso. A juzgar por los rostros daba la sensación de ser la última cena.

Un rato más tarde regresaron a sus habitaciones y minutos después comenzaron a bajar totalmente desnudos. Justamente en el primero de los viajes en ascensor se encontraron de frente el presidente de EEUU y la canciller alemana. Al verse automáticamente corrieron la mirada pudorosa hacia un costado pero el ascensor estaba totalmente espejado por todas partes (incluso el techo y el suelo) por lo tanto el panorama era abrumador. Ambos cuerpos desnudos se reflejaban infinitamente en los espejos y daba la sensación de que ahí dentro había una multitud sin ropa moviéndose como una ola lenta al compás de sus propios movimientos.  Al ver eso el presidente gritó de los nervios. 

Uno a uno fueron saliendo de los ascensores todos los demás cubriéndose como podían, colocándose torpemente de perfil y apurando el paso para introducirse velozmente en la combi, algunos se tropezaban y se iban de dientes. Luego de inmediato ya sentados en sus butacas de cuero transpiradas con la piel desnuda, la oscuridad del estacionamiento volvía a hacerlos sentirse protegidos. Sin embargo apenas el vehículo se puso en movimiento y subió la rampa del hotel para alcanzar la calle la luz del sol caribeño iluminó hasta el último recodo del habitáculo.

El Cónsul inmediatamente puso música de salsa a todo volúmen para romper el hielo mientras hacía unas palmas e intentaba bailar sin golpearse la cabeza contra el techo pero golpeándosela en varias oportunidades.

  • ¡Vamos amigos! ¡Arriba ese ánimo! Estamos yendo a una playa nudista en pleno verano – exclamó con alegría – tomémoslo como unas vacaciones diferentes. Acá nadie conoce a nadie, somos anónimos en un paraíso y nada debe avergonzarnos
  • Es que si los avergüenza lo de afuera es porque los avergüenza lo de adentro – dijo el chofer sin tener ni idea de a quiénes estaba transportando.

Todos los integrantes del Comité odiaban admitirlo pero sintieron que el Cónsul y el chofer tenían razón y que lo absurdo que estaba ocurriendo podía tomarse también como una situación divertida o tal vez como la despedida final. Tantos años sumergidos en sus burocráticas responsabilidades, tantas noches encerrados en habitaciones llenas de humo discutiendo de economía, tantos veranos desperdiciados leyendo los diarios y de pronto comprendieron que nada había valido tanto la pena. 

Poco a poco el clima comenzó a cambiar dentro de la combi, la música parecía perfecta, el mar delante de sus ojos se imponía en la realidad como un sueño insuperable y la vida era algo que nunca habían visto de verdad hasta ese instante. Al llegar a la playa nudista por fin encontraron a Voynich después de tanto tiempo, estaba parado desnudo sobre la arena conversando animadamente con dos mujeres, lo notaron un poco más calvo pero no había perdido su típica barba negra, ni su atlética figura. Al verlos de lejos les abrió los brazos en un gesto cariñoso de bienvenida mientras le pedía a una de sus asistentes que trajera unas cuantas cervezas.

La madrugada en la casa del Cheba no transcurría con tranquilidad porque había conseguido con mucho esfuerzo bajar del techo de su camioneta e introducirse en su hogar pero la gente en la vereda no dejaba de presionar el timbre (a tal punto que tuvo que desconectarlo) ni de golpearle la puerta o las ventanas exigiendo más respuestas sobre la llegada de los extraterrestres. Sin embargo él no tenía nada más para decirles porque lo poco que había escuchado en el Observatorio ya se los había dicho. Al mismo tiempo su suegra lo acusaba de haber inventado toda esa historia para tapar algún otro asunto como había ocurrido en más de una oportunidad y su mujer no sabía si creerle a la madre o a él. Su hija y su hijo asistían a todo ese espectáculo con cara de dormidos sin entender del todo la situación. Minutos antes su madre los había obligado a levantarse y de pronto estaban ahí sentados a la mesa en plena madrugada con un café delante que no habían ni probado escuchando gritos en todas las direcciones.

El Cheba se encerró en el baño. Se miró en el espejo de cerca, se mojó la cara con agua fría varias veces y finalmente se sostuvo la mirada todo lo que pudo hasta que parpadeó y perdió. Pero ganó.

  • ¡Te llaman de Televisión Canaria! ¡Quieren hacerte una entrevista! – le gritó exaltada repentinamente su mujer golpeando con insistencia la puerta del baño.

El Cheba dejó de respirar por unos instantes y cerró los ojos. Luego levantó la cabeza como una planta sobreviviente de la tormenta y respiró profundo. Enseguida abrió los ojos para volver a mirarse en el espejo con una expresión desafiante que nunca antes se había reconocido y sonrió. Algo había cambiado en el brillo de su mirada, era el brillo de la posibilidad. Supo entonces con absoluta certeza que dios le estaba ofreciendo en bandeja una última oportunidad para cambiar de vida y que para eso debía subirse a ese absurdo tren maravilloso que sólo se detiene en estaciones que no existen.

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11 comentarios

  1. Es muy bueno!! Parece que estoy leyendo dos novelas a la vez. Porque detrás del humor y de las situaciones absurdas hay un trasfondo profundo y nunca faltan esas frases que te dejan en estado reflexivo.

    Creo que voy a amar a Voynich

      • Hace unas semanas se me dió por Googlear, muy interesante lo que se encuentra sobre el manuscrito de Voynich. Ya se que va a ser un quilombo incoherente, absurdo, críptico. No se que esperar. espero mucho y nada de el jajaj

      • Eso no es problema. Creo que nunca entendí en su totalidad ni lo que escribía ni lo que decía el hombre que amé. De haberlo hecho, seguramente no lo hubiera amado 😉

      • Imagino a Voynich con un pene gigante que incomode a todos en la reunión. En el momento de mayor seriedad, una pequeña erección del lider estadounidense dejando entrever las intenciones ocultas del imperio jajaja muy bueno todo!

  2. Me asombra la actitud del Chebi hasta ahora (aunque parece que está por cambiar radicalmente). ¿Qué sentido tiene desparramar una noticia así y crear pánico? ¿No les parece que sería mejor tomar una actitud mas expectante y protectora hacia su familia?

  3. Me encanta lo que leo, muy interesante la maestria de esa mente creadora que atrapa desde las primeras líneas

  4. Acá, poniéndome al día con Los Drépanos. Comienza a abrirse el juego. Toda la expectativa para mañana.