LOS DRÉPANOS: CAPÍTULO 56

DUEÑO DE MI DESTINO

El General Sanders lo supo antes de atender. Demasiadas tardes se había quedado solo mirando ese teléfono de emergencia mudo, con la esperanza de oírlo sonar en un instante cualquiera y sin previo aviso para ponerle fin a los tiempos oscuros. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, aunque lo último que se pierda sea la vida. 

Estaba distraído cuando el Ring Ring de la llamada lo asustó como si hubiera habido una explosión a sus espaldas, tanto esperar algo para no poder creerlo cuando ocurre. Se quedó paralizado conteniendo la respiración y tardó unos instantes en salir del estupor. De inmediato saltó de la silla como si tuviera el cuerpo dormido y apenas había dado tres pasos cuando se tropezó por el apuro cayendo aparatosamente como un herido en combate. Ring Ring… continuaba sonando el aparato y parecía que en cualquier momento dejaría de sonar. Harry alzó la mirada desde el suelo para comprender dónde estaba, luego levantó la mano desde las profundidades de la oficina y arrodillado en el piso con la sonrisa más desbordante que había conocido su rostro en mucho tiempo, atendió la llamada.

Las malas noticias llegan en cualquier momento, pero las buenas también.

La voz de Bronson al otro lado de la línea se escuchaba con dificultad entre tanta interferencia. Parecía que estaba llamando desde el más allá. 

La euforia superaba a la solemnidad y hacía que se pisaran al hablar. Ambos tenían demasiado por decir y por preguntar, pero no había tiempo para dar demasiadas explicaciones. Ya habría libros que contarían esa increíble historia.

Durante menos de un minuto cruzaron coordenadas con el temor a que la llamada se cortase, las interferencias eran cada vez más fuertes porque desde hacía algunos días los satélites temblaban en el espacio. Llegó un momento de la conversación en que ya no se entendía absolutamente nada y entonces finalmente se cortó la comunicación.

A partir de ese momento el presente colocó la lupa sobre el General Sanders quien de inmediato, con el máximo hermetismo, trazó líneas en un mapa del Océano Atlántico y en menos de una hora logró que dos helicópteros de rescate partieran desde el portaaviones estadounidense Coup Plotter (que se encontraba ubicado a pocos kilómetros del barco pesquero desde donde había llamado Bronson) para que fueran a buscarlo.

Ni siquiera los pilotos sabían a quién iban a rescatar. Lo supieron cuando lo vieron en la cubierta del pesquero saludando con los brazos en alto. Ahí estaba el perdido Presidente de Estados Unidos rodeado de pescadores chinos que también levantaban las manos como lo hacían cada vez que los guardacostas los detenían por pescar en zonas prohibidas.

Los rescatistas no salían de su asombro. El primer soldado que descendió con una cuerda hasta el barco se emocionó tanto al verlo vivo que lo abrazó rompiendo todos los protocolos. Luego descendió el segundo y más tarde el tercero. Durante breves minutos le explicaron cómo sería el rescate, le colocaron un arnés y antes de elevarlo hacia el helicóptero, Bronson se tomó un tiempo para abrazar y agradecer a cada uno de los marineros por haberlo rescatado del mar y por haberlo aceptado en su tripulación. Cuando llegó el momento de despedirse de Janakka lo tomó de los hombros y mirándolo a los ojos con firmeza, le pidió que apenas pudiera lo fuera a visitar a la Casa Blanca porque le gustaría contar con él en un futuro. El pescador oriental sonrió agradecido y le dijo que sí con un movimiento de cabeza pero nadie supo si lo había entendido.

Recién entonces, mientras era subido al helicóptero, pudo leer por fin el nombre del barco pesquero que lo había rescatado y se dio cuenta de que era lo mismo que le había tatuado Janakka en el brazo.

Una hora después Bronson ya estaba en el Portaaviones y era recibido con honores por el Capitán. Acto seguido lo subieron a un aeronave de guerra con destino a los Estados Unidos y lo pusieron al corriente de las últimas novedades en el mundo. Recién entonces, cuando aterrizó en tierra firme, el General Sanders llamó al búnker antinuclear Rulfo para darle la noticia.

Tardaron algunos minutos en comunicarlo con él porque el Presidente no lo quería atender, sin embargo, tras la insistencia de Sanders y el anuncio de que tenía algo muy importante que transmitir, lo pusieron en altavoz. El diálogo fue corto.

  • Señor Presidente, habla el General Harry Sanders 
  • ¿Qué pasa? – contestó impaciente Rulfo sin dejar de mirar los monitores donde se actualizaba segundo a segundo el movimiento de la flota extraterrestre
  • Lo llamo para comunicarle una gran noticia. Acaba de aparecer con vida el Presidente Marvin J. Bronson quien en los próximos minutos reasumirá la presidencia de la Nación como dicta la ley

Una mezcla de asombro y algarabía invadió a todos los presentes, menos a Rulfo que se quedó en silencio con la boca entreabierta y la mirada perdida. En ese mismo momento los noticieros de todo el mundo ya repetían en loop las imágenes de Bronson descendiendo del avión como un fantasma intacto y rejuvenecido que saludaba a la comitiva que lo aguardaba en la pista, le sonreía a la única cámara presente en el lugar y se subía con entusiasmo al auto oficial que lo trasladaría hasta la Casa Blanca para retomar el poder.

Rulfo en un ataque de desesperación le respondió a Sanders que no entregaría el puesto de Presidente porque le correspondía legítimamente y porque además estaban en guerra. De inmediato di Tomasso le ordenó al FBI que lo incomunicaran a Bronson hasta investigar qué era lo que le había sucedido y hasta saber si no se trataba de un impostor. En una bochornosa e improvisada conferencia de prensa anunció que no iba a entregar la presidencia de ninguna manera y les pidió a sus seguidores que se convocaran en las puertas del Capitolio para defenderlo ante este ataque a la democracia del que estaba siendo víctima. 

No tuvo suerte, la gente que salía a las calles lo hacía para festejar la aparición con vida de Marvin J. Bronson y para celebrar haber evitado una guerra.

Antes del anochecer las fuerzas de Seguridad irrumpieron en el búnker y se llevaron detenido a Rulfo di Tomasso acusado de varios delitos federales. Alcanzó a darle un infructuoso manotazo a la consola de lanzamientos de misiles nucleares como un niño al que ya no le importa nada.

Lo primero que hizo Bronson al reasumir en su puesto fue levantar el Estado de Sitio, volver la seguridad nacional a DEFCON 4, desactivar todos los planes de guerra y  comunicarse con Clemencia Rodríguez para anunciarle que Estados Unidos se plegaba absolutamente al Documento por la Paz elaborado por la ONU.

A la mañana siguiente y ante una multitud que lo aclamaba, Marvin J. Bronson dio un recordado discurso que quedó grabado en la historia por lo breve, por lo importante y por lo emotivo: “Gracias por tanto cariño, solo quiero pedirles que estemos a la altura de los acontecimientos que se avecinan. Seamos solidarios y optimistas, los quiero mucho“

A partir de ese momento quedaban menos de dos días para la llegada de las naves y en todas las ciudades del mundo se organizaban enormes fiestas a cielo abierto para verlos llegar. 

Anke llamó de inmediato a Voynich para darle la noticia de que era un hombre libre y para invitarlo a formular el discurso oficial de recepción, ya que no había nadie en la Tierra más indicado que él, para darle la bienvenida a los Drépanos.

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3 comentarios

  1. ¿Será? ¿Llegarán mañana? ¿En el último capítulo? O tal vez el autor nos vaya a dejar con un final de temporada a lo joligud. Quedan 26 horas para el final de la historia mas atrapante del 2021.