LOS DRÉPANOS: NOTA AL MARGEN 10

Domenico había nacido en Caltanissetta en el año 1922 y pertenecía a una de las organizaciones criminales más poderosas y temidas de Sicilia. Los negocios que manejaba la familia iban desde el contrabando, la prostitución y el secuestro hasta la venta de armas, el tráfico de drogas y el lavado de dinero; pasando por el robo de obras de arte, las estafas inmobiliarias y las extorsiones

Antes de cumplir los 20 años el temible y ambicioso Domenico ya le había sacado un ojo a varios comerciantes, había estado preso y le habían pegado un tiro en la rodilla. Sin embargo, la primera vez que mató a un hombre no fue por ningún encargo mafioso sino por una cuestión personal ligada a un desencuentro amoroso: Asesinó al joven del que estaba enamorada la mujer que él quería.

La muchacha siempre creyó que la muerte de su novio se había tratado de un lamentable accidente automovilístico porque el vehículo que él conducía se había caído por un barranco en una noche de lluvia y de baja visibilidad. Sin embargo, lo que nunca le dijeron, fue que el cadáver tenía las manos atadas al volante.

Tras un año de duelo y riguroso luto, la chica decidió aceptar las románticas invitaciones de Domenico, quien además, contaba con la bendición de los padres de ella – que hacían la vista gorda sobre los puntos oscuros que lo rodeaban – porque lo veían como una oportunidad única de prosperidad para su hija.

Finalmente se casaron dos años después, en plena guerra Mundial, y organizaron una fiesta impactante a la que asistieron importantes capos de la mafia, políticos poderosos y jefes policiales mezclados en las mismas mesas, luciendo los mejores trajes italianos y brindando con exquisito champagne francés. El opulento banquete y el despilfarro en extravagancias contrastaba con la miseria que florecía en los alrededores.

Durante los siguientes cinco años la pareja tuvo tres hijos: Dos varones y una mujer.

Los tiempos de postguerra no parecían muy favorables para desarrollar con la misma tranquilidad los negocios que venían realizando impunemente. En Italia se respiraba un aire de cambios que prometía mover el avispero y reorganizar el poder en todos sus niveles. Domenico pronto supo que su nombre estaba en una lista judicial negociada para realizar resonantes detenciones y así generar una sensación de justicia en una población que necesitaba refundar el país.

Fue entonces cuando surgió la posibilidad de emigrar a Nueva York bajo el amparo de viejos integrantes de la organización que tiempo atrás habían exportado sus negocios al otro lado del océano.

La renovación de la sangre siciliana en Estados Unidos comenzaba con un mascarón de proa que mostraba empresas en blanco lejos del delito, familias modelos con sus hijos educados en los mejores colegios y llamativas acciones benéficas dispuestas a alejar cualquier tipo de  sospechas e insertar a la comunidad italoamericana dentro de la sociedad estadounidense como una pata más del sueño americano.

Durante casi dos décadas Domenico se convirtió en un eslabón fundamental entre Italia y los Estados Unidos manejando diversos negocios espurios pero bajo el aura de empresas pujantes y exportadoras con los papeles en orden y el sello de calidad social al día.

Sin embargo, una noche de verano a la salida del cine, el pasado lo esperaría sin hacerle preguntas. Un hombre con sobretodo beige lo saludó desde lejos en un dialecto del sur italiano  y se le acercó sonriente para abrazarlo. Nunca se supo si Domenico llegó a reconocerlo antes de recibir el tiro en la frente.

El asesino se perdió en los callejones de la venganza o en los laberintos de los almanaques pasados. La justicia lo archivó como “ajuste de cuentas” y al otro día volvió a salir el sol como casi siempre.

La familia lo veló, lo cremó y guardó sus cenizas dentro de una urna mortuoria con forma de jarrón que durante muchos años estuvo decorando el enorme living de la mansión familiar en Nueva York hasta que su pequeño nieto, una aburrida tarde de domingo, quiso agarrarlo.

Subido al respaldo de una silla estiró los brazos con esfuerzo para tocarlo con la punta de los dedos y entonces el pesado jarrón comenzó a balancearse hacia delante y hacia atrás hasta perder el equilibrio y caer sobre la cabeza del pequeño Rulfo estallando en mil pedazos.

El niño quedó tendido en el piso, sangrando e inconsciente por el golpe; totalmente cubierto por las cenizas de su abuelo.

Nunca más volvió a ser el mismo.

¿Te ha gustado?

51 points
Upvote Downvote

Un comentario

  1. Esta muy bien documentada en la historia la invasión de cuerpos por el alma de los muertos. Pero todos sabemos que el receptor tiene que estar dispuesto a aceptarlo. Si hubiera sido otro nieto otra sería la historia…. #rulfomafiso.