No se contesta a un Hater

Cuando te han advertido de un peligro y, tras enfrentarlo, sales airoso es cuando comienza el verdadero riesgo. Uno se siente invencible y a la siguiente batalla entra con menos tensión y con calma, y es ahí dónde seguramente te aguarda la hostia.

Eso me ha ocurrido a mí con el tema de los Haters.

Para empezar diré que no es algo nuevo en el mundo. Claro que la tecnología ha potenciado conductas hostiles y de acoso a niveles preocupantes (no me quiero imaginar lo que ha de ser el bullyng hoy en día en los institutos cuando se combina con redes sociales) , pero en en el fondo no es nada nuevo.

En mi generación, yo nací en el 78, ya habían conductas abusivas en el colegio o en las relaciones, pero eran otros los altavoces. Siempre me han llamado la atención la agresividad contenida de las personas. Cuántos seres humanos pueden terminar siendo el Walter White de Breaking Bad o el protagonista de la película Un día de furia.

Una de las películas que más huella han dejado en mucha gente. Terroríficamente real.

Doy tantos rodeos para dejar claro que lo del odio no es sólo un tema de hoy en día. Aclarado este extremo entro en materia.

La recomendación que te dan el 99,9% de expertos en redes es el siguiente:

A los haters no se les contesta. O se les ignora o se elimina el comentario y se les bloquea

Esto es un mantra. Una ley inalterable. Es de primero de Internet.

Y yo lo cumplí, hasta que empecé a saltármelo y me equivoqué.

Al principio me dio por responder con ironía tomando la siguiente premisa «A ver, yo no soy tan famoso como para tener que callarme tanto» y un par de veces mandé a la mierda a alguien con altura y me quedé bastante bien. Salí más que airoso, pero el otro día me enzarcé con un idiota en redes y perdí. Perdí porque me enfadé, y al enfadarte gana el otro. Es así casi siempre (mi amigo Zamba no para de decirlo), pero en internet ocurre más. El hater busca atención y cuando te picas y respondes, gana. Al final se cumplió la ley que creía poder saltarme. La vida colocándote en tu sitio una vez más. Lo borré, lo bloqueé y aprendí la lección. Al final, tus redes son una extensión de tu casa, y en tu casa tú no dejas entrar a quién te insulta.

Los famosos de verdad tienen que aguantar el leer absolutas locuras, cómo esta que le ocurrió a Iker Casillas

Lo más terrible de todo es que es muy probable que el energúmeno que dijo semejante barbaridad se acerque con la máxima educación a pedir una foto si se lo encuentra en algún lugar público. La distancia , al igual que ocurre en la grada de un estadio de fútbol, otorga una aparente impunidad y sensación de seguridad que permite estas conductas, pero convendría no olvidar este acto de justicia poética realizado por Eric Cantoná , hace unos años.

Nadie está tan seguro, nunca.

No estoy loco, sé que no está bien lo que hizo, pero es una anécdota que nos recuerda que las distancias no son tan enormes cómo creemos cuando de personas se trata.
Yo ya sabía que no, pero soy débil

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