NOTA AL MARGEN 14

Little Lobster no fue siempre un rapero. Sus comienzos en realidad tuvieron que ver más con la música country, el blues y el gospel. Su madre había sido una excelente cantante de voz prodigiosa pero que jamás había podido dedicarse profesionalmente al canto porque había quedado embarazada a los dieciséis años (de un muchacho que poco después caería abatido en el asalto a una licorería) y desde entonces había tenido que trabajar de camarera, de empleada doméstica o de cuidadora de niños para mantener a su pequeño hijo.

A pesar de todas las dificultades que tuvieron que atravesar, ella nunca perdió la alegría, la fortaleza, ni la fe en Dios. Cada domingo iban juntos a cantar en el coro de una iglesia del barrio y pronto el niño demostró haber heredado aquellas virtudes artísticas. 

Semana tras semana fue aprendiendo los secretos de la música tanto por parte de su madre como del resto de la congregación y al cabo de poco tiempo ya era una de las voces principales del coro.

Sin dudas aquellos años difíciles fueron más fáciles de sobrellevar gracias a la música.

Cuando Lobster entró en la adolescencia comenzó a participar en diferentes certámenes de música country que se realizaban por todo el país. No era sencillo para un joven de piel negra hacerse un lugar en el blanco mundo del country, sin embargo, a fuerza de presentaciones imponentes y de una personalidad encantadora, Little (que en aquellos tiempos todavía utilizaba su nombre real: Chris Wickens) obtuvo muy buenos resultados y poco a poco se fue ganando el respeto del exigente público que asistía a los conciertos. Chris viajaba por todo EEUU y se pagaba los pasajes y la comida con los premios o con lo que obtenía tocando en las calles.

Justamente en una de esas presentaciones callejeras su vida dio un vuelco para siempre.

Ocurrió una tarde de abril en la que se encontraba cantando sobre la vereda de la avenida 16th en la ciudad de Nashville cuando se le acercó un hombre alto de aspecto extraño y tras escucharlo interpretar un par de canciones sacó una sola moneda de su bolsillo y se la dejó con cuidado en la funda de la guitarra a modo de obsequio. Chris le agradeció con un gesto sin dejar de cantar y el hombre pareció querer decirle algo con la mirada antes de asustarse y salir caminando a toda velocidad para perderse entre la gente.

Menos de un minuto después llegaron al lugar tres personas disfrazadas que intentaron robarle a Lobster el poco dinero que había ganado. El joven músico logró defender su ganancia trenzándose a golpes de puño con los asaltantes hasta que inmediatamente llegó la policía y lo detuvo. No importó que les explicara a los agentes que le habían querido robar, simplemente lo esposaron, lo introdujeron en un patrullero y lo llevaron hasta una comisaría donde pasó la noche en un calabozo junto a varios delincuentes que lo maltrataron.

Al día siguiente los policías le devolvieron sus pertenencias y le recomendaron que se fuera de la ciudad si no quería volver a tener problemas con ellos.

Little Lobster se fue de Nashville esa misma mañana y nunca más volvió a cantar música country. Al regresar a su hogar escribió una larga y furiosa letra de canción donde narraba la injusticia de lo que le había sucedido. Intentó ponerle música pero acabó por recitarla a los gritos como una proclama. Esa fue su primera canción de rap y también el comienzo de una nueva y triunfante carrera.

Atrás quedaba el joven Chris Wickens y nacía el genial Little Lobster.

Sin embargo, a pesar del éxito, la fama y los premios, nunca olvidó aquel extraño acontecimiento que le marcó el rumbo de su destino. Hasta el día de hoy conserva aquella infrecuente moneda que le entregó un desconocido en plena calle; y algunas noches, cuando no recuerda bien quién es,  la busca y se la queda mirando como si hubiera en ella algún secreto delante de sus ojos que no alcanza a descifrar.

Se trata de una moneda muy apreciada por los coleccionistas y adeptos a la ufología ya que fue acuñada por la Real Casa de la Moneda de Canadá como homenaje al incidente Shag Harbour, uno de los casos de ovnis más célebres en la historia de ese país. La moneda tiene grabado a un grupo de pescadores observando la caída de una nave extraterrestre sobre aguas atlánticas la noche del 4 de octubre de 1967.

Nunca supo si aquellos imprevistos asaltantes querían robarle puntualmente esa moneda especial o simplemente lo poco que había ganado aquel día; lo que sí recuerda con certeza es que apenas llegó la policía, desaparecieron como por arte de magia. 

Como si hubieran logrado lo que querían.

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Un comentario

  1. ¡Ya me parecía que Shag Harbour no podía estar ausente de esta historia!. Nos estaría faltando: «Berwyn» y «Yeni Kent». Seguro algún personaje nuevo ya se dio una vuelta por ahí. Me encanta la maratón.