Recuerdos

brown wooden box

Me habría gustado que me abandonaras en los 90, cuando superábamos las rupturas y desamores de otra manera.

Las que tenían sótano o desván recopilaban todos los regalos, pertenencias, fotografías, libros olvidados en el último estante del armario de la habitación en la que nadie entraba y camisetas viejas de publicidad de Ron Negrita y otros licores, y los llevaban a ese espacio escondido, los metían dentro de una caja cerrada con cinta de embalar y los abandonaban.

Cada desamor una caja, cada caja una historia, cada historia muchos besos húmedos, abrazos reconfortantes y sonrisas bobaliconas.

Cada una de esas cajas hacía superar la anterior y así te ibas sobreponiendo. Aunque la última que había llegado a aquel lugar dolía hasta que no fuera tapada por la siguiente.

Pero aunque doliera, era a ratos, y solo si querías regodearte en la desgracia un día de San Valentín sola o el día de antes de la boda de tu mejor amiga, acudías al desván, o al sótano, o al trastero y te acercabas a esa caja llena de recuerdos y dolor por la pérdida a partes iguales. Y llorabas. Era algo buscado, sin sorpresas. No como ahora.

Pero me abandonaste en el siglo XXI, ya no son los 90 y tú estás en todas partes. No tengo escapatoria. Y no sé cómo superarte.

Es esa la razón por la que odio Facebook y he silenciado todas sus notificaciones, sobre todo aquellas que dicen:

HOY TIENES RECUERDOS PARA REMEMORAR.

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