Spotify y el amor

Corría el año 2009. Él tenía 45 años y yo 33. Nos conocimos en un grupo de «singles» en el que la proporción de mujeres/hombres era aproximadamente 80/20. Era alto, atractivo, vestía bien y tenía una sonrisa encantadora. Entre todos los hombres heterosexuales del grupo era difícil encontrar a alguien como él. La mayoría eran más mayores con más barriga y con menos pelo. Para él, ligar allí era como pescar en un barril, así que a mí me parecía inalcanzable. Y era una putada, porque me gustaba más que comer con los dedos.

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Yo, revisando su perfil en la red social de singles

Una mañana de sábado me decidí y le envié un SMS:

¿Qué haces esta noche? – le pregunté.

Emborracharme en casa – dijo – Si quieres emborracharte conmigo estás invitada.

Cuando abrimos la segunda botella de vino mientras se terminaba de hacer la cena el cuerpo pedía algo más. De alcohol, pero también de cercanía, de intimidad. Las miradas se iban haciendo más y más intencionales y él ya me había dicho la típica frase de «qué voy a hacer contigo, Anita…»

¡Me había llamado Anita!, la cosa pintaba bien.

Se puso a buscar algún CD que nos pudiera encajar a los dos y también echó un vistazo a YouTube.

¿Qué haces? – le dije. ¿En qué siglo vives?

Introduje en el navegador: Spotify.com y le obligué a crearse una cuenta. ¡No se lo podía creer! Si mi futuro era un tren, el suyo era Spotify. Empezó a buscar canciones para hacer su primera lista de reproducción mientras me hacía fotos y me besaba. Nunca pensé que conquistaría a alguien con una aplicación.

Aquella historia de amor conmigo duró 7 años, y estuvo llena de listas de reproducción, conciertos y música en todos sus formatos, pero su historia de amor con Spotify Premium todavía continúa.

Aún ahora, cuatro años después de separar nuestros caminos a veces cuando hablamos me recuerda el día que le descubrí Spotify.

Igual es por eso que seguimos siendo buenos amigos.

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